- Los trabajos buscan impedir que cenizas y sedimentos alcancen Beleña y Alcorlo con la llegada de las lluvias de otoño.
- El sistema de la Mancomunidad de Aguas del Sorbe suministra agua potable a 44 municipios, entre ellos Alcalá, Guadalajara y Azuqueca.
Los efectos del incendio de La Mierla continúan más allá de la superficie quemada y han abierto un nuevo frente relacionado con el abastecimiento de agua del Corredor del Henares. Los trabajos sobre el terreno se concentran ahora en impedir que las lluvias arrastren hacia los cauces toneladas de cenizas y sedimentos procedentes de las áreas afectadas, con especial atención a los embalses de Beleña y Alcorlo.
La actuación se desarrolla principalmente en pequeños arroyos y zonas de escorrentía situadas dentro del perímetro afectado por el incendio. Los equipos están construyendo manualmente albarradas mediante piedras y troncos para retener parte de los materiales antes de que puedan alcanzar los cursos de agua. Las lluvias otoñales convierten esta fase posterior al incendio en especialmente relevante por la posibilidad de movilizar las cenizas acumuladas sobre el terreno.
La protección de Beleña tiene una relación directa con buena parte del Corredor. La Mancomunidad de Aguas del Sorbe suministra actualmente agua potable a 44 municipios, entre ellos Alcalá de Henares, Guadalajara, Azuqueca de Henares, Cabanillas del Campo, Marchamalo, Fontanar, Yunquera de Henares y Villanueva de la Torre. Beleña constituye una de las piezas fundamentales de ese sistema de abastecimiento, junto con las infraestructuras vinculadas a Alcorlo.
Los trabajos preventivos no implican que exista actualmente una incidencia en el agua que llega a los hogares. Su objetivo es reducir el riesgo de que las precipitaciones transporten sedimentos desde las zonas quemadas hacia los embalses y facilitar la recuperación del terreno después del incendio. La evolución dependerá ahora de las lluvias y de la capacidad de las actuaciones desplegadas para contener el material acumulado.




